Enclavado en plena Sierra de Francia, a menos de
una hora de la ciudad de Salamanca, se extiende por la falda de la montaña el
pequeño pueblo de Madroñal. Visto sobre un plano, Madroñal, son cuatro calles y
dos plazas. A la entrada del pueblo tenemos El Fronton, la calle Larga que nos
lleva a la Plaza (llamada de Otero Anelle), aunque también podemos acortar para
llegar a ella por La Callejina. De la plaza salen tres calles: La Iglesia,
Alhondiga, y Arroyo. Y de esta última, cruzando la carretera también llamada
avenida de Simon Rodriguez, llegamos a la calle las Eras donde está la
Cooperativa del pueblo. Y no hay más... campo, veredas, fuentes y árboles.
Sus menos de doscientos habitantes han sabido subsistir al cambio de siglo
y, adaptándose a los nuevos tiempos, mantenerse fiel a sus raices y arrancar a
esta dura tierra los medios necesarios para sobrevivir. Y no ha sido tarea
fácil, pues Madroñal es uno de los pocos pueblos de esta comarca de la provincia
de Salamanca, que se introduce en Extremadura, que no se ha doblegado al
turismo. Aún conserva el estilo de vida de sus antepasados, viviendo de la
agricultura... aunque modernizando, en la medida de lo posible, los cultivos y
la maquinaria. Sin embargo, la población se ha recuperado de la emigración
sufrida en los años 50 y 60, y en los últimos años ha aumentado el número de
familias jóvenes que han preferido no cambiar la tranquila vida del pueblo por
el ajetreo de la ciudad.
Tal vez, este estilo de vida se lo debamos al auge del cultivo de cerezas.
Si bien nuestros abuelos practicaban una agricultura de subsistencia, sembrando
y cosechando todo aquello que podía ser útil para la alimentación diaria de la
familia y del ganado... hoy en día, el cerezo invade todo el valle, y ha ocupado
el lugar que antes tenían los cereales, las fresas, los pepinos... u otros
cultivos que se han ido sucediendo a lo largo de los años. Desde la creación de
la cooperativa, una de las primeras de la comarca, la venta de cerezas se
extendió más allá de la zona e incluso más allá de España, pues se han exportado
a paises como Italia o Alemania. No es de extrañar que, desde hace más de 20
años, se celebre en este pequeño pueblo la Fiesta de la Cereza, primero
provincial y en los últimos años Internacional.
Es la cereza la que ha hecho conocido a mi pueblo... no vengais buscando
monumentos, que no los hay, ni fiestas populares o mercadillos para atraer al
turismo. Si vienes a Madroñal, tan sólo encontraras una tierra aún virgen en
toda la parafernalia que trae consigo el turismo. No hay hoteles, ni
restaurantes, ni tiendas típicas de recuerdos, ni discotecas, spas o cualquier
otra atracción. Aquí sólo hay campo, silencio y tranquilidad.
Es de este pueblo de donde marcharon mis padres allá por los años 50, al que
ansiaba venir año tras año durante mis vacaciones y adonde han querido regresar
mis hijos, cincuenta años después. Un lugar para mí único, porque cada edificio,
cada calle, cada rincón, cada vereda... traen a mi memoria un recuerdo. Por eso
mi intención al hacer esta página, no era dar a conocer a Madroñal, como
alternativa a otros lugares de vacaciones... simplemente quería "pagar una
deuda" a mis antepasados... Rendir un homenaje a mis padres, abuelos,
bisabuelos... todos ellos Madroñalejos... todos ellos "gente serrana", dura,
trabajadora, poco habladora pero leal y "de palabra".