Leanne Shear & Tracey Toomey
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Tracey y Leanne se encontraron detrás de la barra del bar Onieal’s de la ciudad de New York en el 2002. Inmediatamente se hicieron las mejores amigas, y a partir de entonces el Onieal’s se hizo famoso por sus barmans que eran conocidas cariñosamente como “Las chicas”. Ellas mismas encontraban divertida su vida (de fiesta en fiesta y aventura tras aventura), y se dieron cuenta de que tenían bastante material para escribir un libro. Las semillas para un Manhattan Perfecto fueron plantadas, y fertilizadas con muchas botellas de vino tinto y Jameson en el siguiente par de meses. Una noche trascendental, un embriagado sujeto comenzó a dirigir comentarios lascivos hacia las muchachas. Su compañero, un caballero más joven y pulcro, pidió disculpas por su comportamiento. Tracey respondió: «No se preocupe. Esto es solamente más material para el libro que escribimos». El hombre se presentó como un agente literario, y convino que la idea para su libro no estaba exenta de brillantez... Un par de semanas más tarde, él llevó una buena amiga y colega, Elizabeth Weed, también agente literario. Las chicas firmaron con Elizabeth, e inmediatamente se trasladaron a los Hamptons durante cuatro meses para continuar con su trabajo de barmans, y comenzaron a escribir su primera novela. Eso fue a principios del verano del 2003, y el resto es historia... Leanne Shear escribe para la revistas New York Magazine, US Weekly, y In Touch magazine. Tracey Toomey ha aparecido en las series televisivas “All My Children” y “Law & Order”, y en la película ganadora en los Oscar “A Beautiful Mind”. Cuando ellas no están escribiendo o actuando, Leanne and Tracey se las puede encontrar en el bar Onieal’s de la ciudad de New York y en el Star Room en Hamptons |
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CHIC-LIT EL MANHATTAN PERFECTO The Perfect Manhattan - 2005
Cassie Ellis, una joven licenciada dispuesta a comerse el mundo, tiene unas ganas locas de escribir guiones y una acuciante necesidad de dinero. Cassie escandaliza a todos al dejar un trabajo seguro y aburrido en una oficina por un empleo más llamativo y flexible: el de servir copas. Bajo la tutela del atractivo propietario de un bar del Soho, pronto se la puede ver sirviendo con soltura martinis con tres aceitunas a un abigarrado tumulto de la gente más chispeante de la ciudad. Y mientras tanto, intenta pescar buenas propinas, defenderse de los ligones y seguir el ritmo de sus compañeros, que se desmadran tanto como su elegante clientela.
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