Las vueltas que da la vida.

Yo nací en Salamanca, que me perdonen el resto de los ciudadanos del mundo, pero es la ciudad con más hechizo y que más atrapa de todos las que he conocido. Sí, ya sé... no he conocido muchas, pero pueden preguntárselo a todos los que en ella han nacido o vivido, que opinarán lo mismo que yo. Además como este es mi desván, puedo permitirme ensalzar mi ciudad todo lo que quiera. Ha cambiado, y mucho a lo largo de todos estos años pero en sus barrios aún sigue conservando el sabor de la Salamanca que me vió nacer allá por los años sesenta. Fui la segunda de un familia, que bastantes años después se completaría con un varón. Mis padres habían emigrado desde el pueblo a la capital cuando se casaron. No fueron tan viajeros como otras parejas de la época que marcharon a Alemania o a Francia, pero eso me permitió alternar mi vida entre Salamanca y el pequeño pueblecito serrano de donde provienen mis raíces. Otro día os hablaré de estos dos lugares, hoy tan sólo quiero presentarme.

Cuando llegué, según mi madre pues yo ya no me acuerdo, eran las ocho de la mañana. Nací rápidamente, con prisas por conocer este mundo pues (y esto también según mi madre) apenas tuvo tiempo la comadrona de ponerse los guantes, y ya estaba yo dispuesta a comerme el mundo... ¡Ay, pobre de mí! no sabía todo lo que me esperaba. También me han contado las malas lenguas que mi llegada fue un poco decepcionante, pues siendo la segunda niña que llegaba a mi hogar, mis padres esperaban un varón que perpetuase el apellido. Por lo que las primeras palabras que oí fueron «¡Otra meona!»

Muy halagador no fue, desde luego. Tal vez fuese lo que oí, lo que me impulso a demostrar a todo el mundo que aunque niña, podía ser tan independiente y hacer y aprender lo mismo que cualquier niño... me impulso a crecer rápidamente, casi tanto como lo fue mi venida a este mundo.

De aquella niña, físicamente poco queda ya. Es normal, los años nos pasan factura , o bien no pasan en balde como diria mi abuela. Pero hay algo que aún conservo y es mi curiosidad. Fue ella la que me ha llevado a aprender tantas y tantas actividades... no me creais una gran sabia ni docta en todos los campos de la vida. Aprendiz de mucho, maestro de nada... ¡Qué gran verdad!. Pero fue gracias a ello, a mi interés permanente por aprender, por lo que hoy estoy escribiendo estas memorias y lo hago desde mi web. Aunque pueda sonar un poco petulante, pues no soy un gran personaje histórico y además hoy en día tener una web no es nada del otro mundo... es una de las cosas que he aprendido de la que me siento más orgullosa. En parte porque la he aprendido yo solita (bueno, vale con la ayuda de buenos amigos que hay a todo lo largo y ancho de la red) y en parte porque aún me sigue pareciendo producto de la magia.

¡Quién le iba a decir a aquella pequeñaja que jugaba en las calles aún de tierra de Salamanca que un día lo que ella construyese en una habitación solitaria de su casa sería observado por alguién al otro lado del globo!... Maravillas de la técnica. Algo que los chavalines (como yo los llamo a los niños de hoy en día que han nacido rodeados de botones y cables) no saben apreciar, pues siempre ha estado ahí; pero yo que he conocido en tan pocos años cambiar tanto todo mi entorno aún me sigue sorprendiendo.

A veces pienso que me hubiera gustado nacer en esta nueva éra, con tantos adelantos, pero después reflexiono y me alegro de haber conocido otra época, porque así mi experiencia es mayor y he vivido de primera mano todos los cambios que se han producido. Es por ello que hoy me siento delante de mi pc, y comienzo a meter en mi baúl las pequeñas anecdotas y las grandes aventuras de mi vida. Porque a ver, yo no seré un Marco Polo de la aventura, pero buenas o malas son mías, yo las he vivido y eso no me lo puede quitar nadie.

No sé lo que tardaré en completar el camino que va desde ese bebé que os mira con ojos alegres (sí, es la primera fotografía de mi vida) hasta esa señora que ya no tiene tanta alegría en los ojos (en parte porque soy miope) pero que sigue conservando la misma sed de aprender, de experimentar y de saber de siempre. Pero si quereis recorrer este camino conmigo, poneos cómodos, tened paciencia y abramos juntos este baúl de los recuerdos de mi desván.

 

 

 

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